miércoles, 15 de febrero de 2017

EL FEMINISMO, EL CAMINO PARA LUCHAR JUNTAS


María del Mar Sangrador Salán, activista feminista y anticapitalista

Celebramos un nuevo 8 de marzo, día Internacional de las Mujeres y  este año de 2017  asistimos a un llamamiento a una huelga internacional de mujeres, a una jornada de lucha internacional para combatir el neoliberalismo patriarcal y su carga de violencia doméstica, social, política, sexual, cultural,  racial.

El neoliberalismo imperante en las últimas décadas no ha hecho más que profundizar la desigualdad, con un impacto diferente en hombres y mujeres debido a la previa desigualdad de la que se parte.  Los recortes y las políticas austericidas han supuesto que se incremente  para las mujeres la brecha salarial (del 22,5% respecto a los hombres),  que se perciba  menor salario (hoy la mujer debería trabajar 109 días más al año para ganar lo mismo que un hombre), que se soporte una  mayor precarización laboral al registrar tasas de temporalidad más altas (un 27% de los contratos de mujeres son temporales por sólo el 8% de los contratos de los hombres),  que registre más altas tasas de empobrecimiento y de desempleo.   Además y  como consecuencia de la menor cotización a la Seguridad Social, resultado de los bajos salarios y los trabajos a tiempo parcial,  tenemos menos cobertura en la protección por desempleo e inferior cuantía en la pensión de jubilación ( al término del año  2016 las mujeres cobraban 414 euros mensuales menos). Ni hablar de las cifras escandalosas provenientes de la violencia machista que ya se ha cobrado 10 mujeres asesinadas en lo que va de año.

La política neoliberal de desmantelamiento del estado de bienestar, de privatización de todos los bienes públicos y comunes y de explotación de las personas y la naturaleza,  viene acompañada  de una estrategia de re-hogarización, de un  incremento de los trabajos reproductivos y de cuidados nunca reconocidos y por supuesto no remunerados. Los recortes en los servicios sociales provocan un incremento de la traslación del ámbito público al privado de las tareas de cuidados, tareas que recaen mayormente sobre las espaldas de las mujeres. Como dice Sandra Ezquerra:  “El aumento de la carga total de trabajo de las mujeres como resultado de la crisis sistemática y de su gestión por el Estado, así como la intensificación de sus responsabilidades reproductivas no constituye un mero efecto colateral coyuntural sino que más bien responde a una estrategia política-económica de privatización y re-hogarización de la reproducción en aras de la supervivencia de la economía considerada real”. (1)




Además esta política de despojo y desposesión de derechos, significa por una parte que los estados nacionales proveen y garanticen  menos los derechos y servicios sociales y por otra conlleva la creación de un estado de excepción que incrementa las funciones policiales con el consiguiente giro autoritario en las formas de gobierno, con el objeto de frenar las protestas sociales.  Todo ello acompañado de una fuerte carga ideológica, que en el caso de las mujeres supone un fuerte reforzamiento de la lógica patriarcal de la división sexual del trabajo, que pone en la agenda la lucha contra el aborto, el reforzamiento del binomio sexualidad-maternidad y el femicidio sistemático.
Algunos ejemplos de esta vuelta de tuerca global contra las mujeres lo constituyen los crecientes femicidios y casos de violencia de género que afectan especialmente a  México y Argentina, el intento del parlamento polaco de prohibir la interrupción voluntaria del embarazo, la reciente  aprobación de la llamada “ley de bofetadas” en Rusia. Y en España, los ataques del PP contra el derecho al aborto existente.

Y frente a estos ataques hay que destacar la masividad y radicalidad en la respuesta de las mujeres que parece anunciar una nueva  ola combativa de luchas feministas. Cientos de mujeres el 7 de noviembre de 2015 en Madrid, reclamaron el fin de la violencia machista,  masivas manifestaciones en Argentina y México contra la violencia machista, la huelga de mujeres en Polonia contra la prohibición del aborto y  la  marchas de las mujeres de Washington contra las políticas misóginas, homófobas y racistas de Trump,  son algunas muestran que evidencian que el feminismo está vivo y manda el mensaje de que no hay marcha atrás en las posiciones conquistadas.

En este 8 de marzo, contra esta estrategia neoliberal que nos empobrece y discrimina tenemos que construir un feminismo para el 99%, un feminismo popular y anticapitalista, que nos sirva de herramienta para afrontar la pobreza, que articule una nueva economía al servicio de las personas, que reorganice colectivamente los trabajos, defina lo que es común,  permita el disfrute de una sexualidad libre,  diversa y plural,  del derecho soberano a nuestro cuerpo. Que tienda puentes donde otros levantan muros.  El feminismo anticapitalista,  en conjunción con otros movimientos laborales, sociales y políticos, debe ser ese freno de emergencia imprescindible  que enfrente  este capitalismo desbocado que nos lleva a la barbarie.


(1) Sandra Ezquerra: “Acumulación por desposesión, género y crisis en el Estado español”.  Revista de Economía Crítica nº 14, segundo semestre 2012

2 comentarios:

  1. A pesar de todos los golpes y descalificaciones que la lucha feminista ha recibido, cada vez son más las mujeres y los hombres que se declaran feministas y luchan en el día a día. Es, tal vez, una de las luchas que está más activa hoy en día. Sus resultados, sin embargo, no son tan buenos como uno desearía, pero no desfallecemos.

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  2. Suscribimos el artículo de María del Mar Sangrador y lo “socializamos” como manifiesto de Afinidades Anticapitalistas para este 8 de Marzo de 2017.
    En ese sentido, procuraremos su más amplia difusión durante los próximos días en otros medios alternativos.
    Al hilo de uno de los aspectos que trata, el de la violencia de género, trasladamos el enfoque de Beatriz Gimeno (http://beatrizgimeno.es) que replica el número 40 de la revista amiga Trasversales (http://www.trasversales.net).

    Beatriz previne contra dos desvíos. Uno sería el impasse del movimiento feminista si no vindica el cambio en las condiciones que provocan esa violencia y el otro, la asunción de “buen gusto” del rechazo a la violencia machista pero sin tomar medidas que combatan sus causas.
    En ese totum revolutum se produce la mezcla de siglas y corrientes de pensamiento, año tras año, cada 25 de noviembre y durante los minutos de silencio municipales cada vez que mujeres de alguna localidad mueren asesinadas a manos de sus parejas.

    Escribe Beatriz que no hace falta ser de izquierdas para sentir compasión por la suerte de los pobres, como no hace falta ser feminista para rechazar la violencia de género pero, SÍ hace falta SER DE IZQUIERDAS Y SER FEMINISTA para combatir la desigualdad y saber como hacerlo y para combatir adecuadamente la violencia machista.

    Como Beatriz ha entrado, tras las últimas elecciones, en las Asamblea de Madrid se apoya en su experiencia al subrayar que el PP no se sonroja combinando su “apuesta decidida e inequívoca por la igualdad de género” y la reducción -al mismo tiempo- del presupuesto de igualdad, así como nombrando a una ministra de igualdad que está contra el derecho al aborto.

    En definitiva, frente a un antifeminismo camuflado, especie de cajón de sastre torcidamente retórico y humanitarista (Beatriz lo llama “blanqueo” de políticas antifeministas) solo la lucha coherente, norma a norma en las instituciones junto al debate social y la permanente acción directa en la ciudad, la empresa y la escuela, pueden frenar los recortes económicos, jurídicos, las desigualdades laborales y políticas y en definitiva, la regresión ideológica y el recorte de derechos que supone la rehogarización de la mujer denunciados por María del Mar en este artículo.


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